domingo, 7 de septiembre de 2008
El infierno (1911) de Giuseppe De Liguoro
Cangrande Della Scalla






En la nota 10 del 1º canto de la Divina Comedia relacionan el lebrel del verso con Cangrande Della Scalla, señor de Verona, protector del Dante, a quien él escribió una epístola explicándole el sentido de su poema. Existe una escultura de este buen hombre, realizada anónimamente, a la cual Olga Gómez, máxima autoridad en cuanto a todo arte clásico, estética y oficios del bel arte se refiere, digo máxima autoridad para mí, digo ella decía que era una de la más bellas estatuas ecuestres de todos los tiempos, siendo las otras cuatro el Marco Aurelio romano, el Colleoni de Verrochio, el Gatamelata de Donatello y el Alvear de Bourdelle.
lunes, 14 de abril de 2008
domingo, 13 de abril de 2008
Canto V de la Divina Comedia de Dante por Dore
CANTO V
Así bajé del círculo primero
al segundo que menos lugar ciñe, 2 (1)
y tanto más dolor, que al llanto mueve. 3
Allí el horrible Minos rechinaba. 4 (2)
A la entrada examina los pecados;
juzga y ordena según se relíe. 6
Digo que cuando un alma mal nacida
llega delante, todo lo confiesa;
y aquel conocedor de los pecados 9
ve el lugar del infierno que merece:
tantas veces se ciñe con la cola,
cuantos grados él quiere que sea echada. 12
Siempre delante de él se encuentran muchos;
van esperando cada uno su juicio,
hablan y escuchan, después las arrojan. 15
«Oh tú que vienes al doloso albergue
‑me dijo Minos en cuanto me vio,
dejando el acto de tan alto oficio‑; 18
mira cómo entras y de quién te fías:
no te engañe la anchura de la entrada.»
Y mi guía: «¿Por qué le gritas tanto? 21
No le entorpezcas su fatal camino;
así se quiso allí donde se puede
lo que se quiere, y más no me preguntes.» 24
Ahora comienzan las dolientes notas
a hacérseme sentir; y llego entonces
allí donde un gran llanto me golpea. 27
Llegué a un lugar de todas luces mudo,
que mugía cual mar en la tormenta,
si los vientos contrarios le combaten. 30
La borrasca infernal, que nunca cesa,
en su rapiña lleva a los espíritus;
volviendo y golpeando les acosa. 33
Cuando llegan delante de la ruina,
allí los gritos, el llanto, el lamento;
allí blasfeman del poder divino. 36
Comprendí que a tal clase de martirio
los lujuriosos eran condenados,
que la razón someten al deseo. 39
Y cual los estorninos forman de alas
en invierno bandada larga y prieta,
así aquel viento a los malos espíritus: 42
arriba, abajo, acá y allí les lleva;
y ninguna esperanza les conforta,
no de descanso, mas de menor pena. 45
Y cual las grullas cantando sus lays
largas hileras hacen en el aire,
así las vi venir lanzando ayes, 48
a las sombras llevadas por el viento.
Y yo dije: «Maestro, quién son esas
gentes que el aire negro así castiga?» 51
«La primera de la que las noticias
quieres saber ‑‑me dijo aquel entonces-
fue emperatriz sobre muchos idiomas. 54
Se inclinó tanto al vicio de lujuria,
que la lascivia licitó en sus leyes,
para ocultar el asco al que era dada: 57
Semíramis es ella, de quien dicen 58 (3
que sucediera a Nino y fue su esposa:
mandó en la tierra que el sultán gobierna. 60
Se mató aquella otra, enamorada, 61 (4)
traicionando el recuerdo de Siqueo;
la que sigue es Cleopatra lujuriosa. 63 (5)
A Elena ve, por la que tanta víctima 64 (6)
el tiempo se llevó, y ve al gran Aquiles 65 (7)
que por Amor al cabo combatiera; 66
ve a Paris, a Tristán.» Y a más de mil 67 (8)
sombras me señaló, y me nombró, a dedo,
que Amor de nuestra vida les privara. 69
Y después de escuchar a mi maestro
nombrar a antiguas damas y caudillos,
les tuve pena, y casi me desmayo. 72
Yo comencé: «Poeta, muy gustoso 73 (9)
hablaría a esos dos que vienen juntos
y parecen al viento tan ligeros.» 75
Y él a mí: «Los verás cuando ya estén
más cerca de nosotros; si les ruegas
en nombre de su amor, ellos vendrán.» 78
Tan pronto como el viento allí los trajo
alcé la voz: «Oh almas afanadas,
hablad, si no os lo impiden, con nosotros.» 81
Tal palomas llamadas del deseo,
al dulce nido con el ala alzada,
van por el viento del querer llevadas, 84
ambos dejaron el grupo de Dido 85 (10)
y en el aire malsano se acercaron,
tan fuerte fue mi grito afectuoso: 87
«Oh criatura graciosa y compasiva
que nos visitas por el aire perso 89 (11)
a nosotras que el mundo ensangrentamos; 90
si el Rey del Mundo fuese nuestro amigo
rogaríamos de él tu salvación,
ya que te apiada nuestro mal perverso. 93
De lo que oír o lo que hablar os guste,
nosotros oiremos y hablaremos
mientras que el viento, como ahora, calle. 96
La tierra en que nací está situada
en la Marina donde el Po desciende
y con sus afluentes se reúne. 99
Amor, que al noble corazón se agarra,
a éste prendió de la bella persona
que me quitaron; aún me ofende el modo. 102
Amor, que a todo amado a amar le obliga, 103 (12)
prendió por éste en mí pasión tan fuerte 104 (13)
que, como ves, aún no me abandona. 105
El Amor nos condujo a morir juntos,
y a aquel que nos mató Caína espera.» 107 (14)
Estas palabras ellos nos dijeron. 108
Cuando escuché a las almas doloridas
bajé el rostro y tan bajo lo tenía,
que el poeta me dijo al fin: «Qué piensas?» 111
Al responderle comencé: «Qué pena,
cuánto dulce pensar, cuánto deseo,
a éstos condujo a paso tan dañoso.» 114
Después me volví a ellos y les dije,
y comencé: «Francesca, tus pesares
llorar me hacen triste y compasivo; 117
dime, en la edad de los dulces suspiros
¿cómo o por qué el Amor os concedió
que conocieses tan turbios deseos?» 120
Y repuso: «Ningún dolor más grande
que el de acordarse del tiempo dichoso
en la desgracia; y tu guía lo sabe. 123 (15)
Mas si saber la primera raíz
de nuestro amor deseas de tal modo,
hablaré como aquel que llora y habla: 126
Leíamos un día por deleite,
cómo hería el amor a Lanzarote; 128(16)
solos los dos y sin recelo alguno. 129
Muchas veces los ojos suspendieron
la lectura, y el rostro emblanquecía,
pero tan sólo nos venció un pasaje. 132
Al leer que la risa deseada 133 (17)
era besada por tan gran amante,
éste, que de mí nunca ha de apartarse, 135
la boca me besó, todo él temblando.
Galeotto fue el libro y quien lo hizo;
no seguimos leyendo ya ese día.» 138
Y mientras un espíritu así hablaba,
lloraba el otro, tal que de piedad
desfallecí como si me muriese; 141
y caí como un cuerpo muerto cae.
(1)Al círculo donde se castiga el pecado de la lujuria.
(2)Minos, según la antigua mitología, después de haber reinado prudentemente en Creta, fue considerado como uno de los jueces infernales, junto con Radamante y Eaco (Eneida, VI, 432‑3), pero aquí Dante lo transforma en una fiera un tanto grotesca.
(3)Semíramis, nombre griego de una reina asiria famoso entre los medievales por su vida licenciosa y violenta. Para algunos representa en la Comedia el amor vicioso.
4)Dido, reina de Cartago, rompió por su amor hacia Eneas la fidelidad debida a su antiguo marido Siqueo. Representaría el amor apasionado.
(5)Cleopatra, reina de Egipto (69‑30 a.C.), representaría el amor interesado, dadas sus relaciones con César y Marco Antonio.
(6)Elena, hija de Júpiter y Leda, causante de la guerra de Troya, representaría el amor ambicioso.
(7)Aquiles, el más célebre griego de la guerra de Troya, cuyo sitio en el Infiemo, como amante de Polixena, no es tal vez el que más convendría a su figura heroica.
8)Paris, príncipe troyano, hijo de Príamo y raptor de Elena. Tristán, sobrino del rey Marcos de Comualles y amante de Iseo, la mujer de éste último. Su historia fue celebérrima en la Edad Media.
(9)Francesca, hija de Guido da Polenta, señor de Rávena, y amigo de Dante; y Paolo Malatesta, hermano del marido de ésta, el feroz Gianciotto Malatesta, señor de Rímini, con quien Francesca había sido casada por motivos políticos alrededor de 1275. Como veremos, la propia Francesca narrará a Dante el amor desdichado que les ha condenado, en uno de los pasajes más bellos y conocidos de toda la Comedia. Toda la historia parece ser un ejemplo vivo de la teoría amorosa del «Dolce stil novo».
(10)Es decir, como apuntamos antes, del grupo de pecadores arrastrados por la pasión amorosa, no por la sensualidad a otras razones.
(11)El perso es un color mezcla de púrpura y negro (Convivixm, IV, XX, 2).
(12)Eco del verso de Guido Guinizzelfi: «Al cor gentil rimpaira sempre amore.»
(13)A Paolo.
(14)Descubierta, en efecto, su pasión amorosa, los amantes fueron muertos alrededor de 1285 por el marido burlado, que será condenado en la Caína, zona del círculo noveno donde se castiga a los asesinos de consanguíneos (Infierno, XXXII).
(15)Pues fue un famosísimo poeta en el mundo, y ahora una sombra más en el Limbo, sin esperanza de salvación.
(16)Se trata de una de las novelas escritas en francés que tan famosas fueron en toda Europa a partir del siglo XII.
(17)Junto con la de Tristán e Iseo, la de Lancelot y la reina Ginebra, es la historia de amor más conocida del ciclo artúrico popularizada por la novela. El pasaje aquí aludido es aquel en que el caballero Gallehault, o Galeotto, sin saber su secreto amor, condujo a uno a la presencia del otro, e indujo a la reina a que besara al caballero.
sábado, 12 de abril de 2008
lunes, 7 de abril de 2008
domingo, 6 de abril de 2008
sábado, 5 de abril de 2008
Canto IV de la Divina Comedia de Dante por Dore
No dejamos de andar porque él hablase,
mas aún por la selva caminábamos,
la selva, digo, de almas apiñadas
«Fíjate en ése con la espada en mano,
que como el jefe va delante de ellos:
Es Homero, el mayor de los poetas;
el satírico Horacio luego viene;
tercero, Ovidio; y último, Lucano.
Y aunque a todos igual que a mí les cuadra
el nombre que sonó en aquella voz,
me hacen honor, y con esto hacen bien.»
Así reunida vi a la escuela bella
de aquel señor del altísimo canto,
que sobre el resto cual águila vuela.
Después de haber hablado un rato entre ellos,
con gesto favorable me miraron:
y mi maestro, en tanto, sonreía.
Y todavía aún más honor me hicieron
porque me condujeron en su hilera,
siendo yo el sexto entre tan grandes sabios.
Así anduvimos hasta aquella luz,
hablando cosas que callar es bueno,
tal como era el hablarlas allí mismo.miércoles, 2 de abril de 2008
Canto III de la Divina Comedia de Dante por Dore (2)

Y he aquí que viene en bote hacia nosotros
un viejo cano de cabello antiguo,
gritando: «¡Ay de vosotras, almas pravas!
No esperéis nunca contemplar el cielo;
vengo a llevaros hasta la otra orilla,
a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego.
Mas las almas desnudas y contritas,
cambiaron el color y rechinaban,
cuando escucharon las palabras crudas.
Blasfemaban de Dios y de sus padres,
del hombre, el sitio, el tiempo y la simiente
que los sembrara, y de su nacimiento.
Luego se recogieron todas juntas,
llorando fuerte en la orilla malvada
que aguarda a todos los que a Dios no temen.
Carón, demonio, con ojos de fuego,
llamándolos a todos recogía;
da con el remo si alguno se atrasa.
Canto III de la Divina Comedia de Dante por Dore (1)

POR MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO,
POR MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA.
LA JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO.
HÍZOME LA DIVINA POTESTAD,
EL SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO.
ANTES DE MÍ NO FUE COSA CREADA
SINO LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE.
DEJAD, LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA.
Estas palabras de color oscuro
vi escritas en lo alto de una puerta;
y yo: «Maestro, es grave su sentido.»
Y, cual persona cauta, él me repuso:
«Debes aquí dejar todo recelo;
debes dar muerte aquí a tu cobardía.
Hemos llegado al sitio que te he dicho
en que verás las gentes doloridas,
que perdieron el bien del intelecto.»
martes, 1 de abril de 2008
Canto II de la Divina Comedia de Dante por Dore
CANTO II
El día se marchaba, el aire oscuro
a los seres que habitan en la tierra
quitaba sus fatigas; y yo sólo 3
me disponía a sostener la guerra,
contra el camino y contra el sufrimiento
que sin errar evocará mi mente. 6
¡Oh musas! ¡Oh alto ingenio, sostenedme!
¡Memoria que escribiste lo que vi,
aquí se advertirá tu gran nobleza! 9
Yo comencé: «Poeta que me guías,
mira si mi virtud es suficiente
antes de comenzar tan ardua empresa. 12
Tú nos contaste que el padre de Silvio, 13(1)
sin estar aún corrupto, al inmortal
reino llegó, y lo hizo en cuerpo y alma. 15
Pero si el adversario del pecado
le hizo el favor, pensando el gran efecto
que de aquello saldría, el qué y el cuál, 18
no le parece indigno al hombre sabio;
pues fue de la alma Roma y de su imperio
escogido por padre en el Empíreo. 21
La cual y el cual, a decir la verdad,
como el lugar sagrado fue elegida,
que habita el sucesor del mayor Pedro. 24
En el viaje por el cual le alabas
escuchó cosas que fueron motivo
de su triunfo y del manto de los papas. 27
Alli fue luego el Vaso de Elección, 28(2)
para llevar conforto a aquella fe
que de la salvación es el principio. 30
Mas yo, ¿por qué he de ir? ¿quién me lo otorga?
Yo no soy Pablo ni tampoco Eneas:
y ni yo ni los otros me creen digno. 33
Pues temo, si me entrego a ese viaje,
que ese camino sea una locura;
eres sabio; ya entiendes lo que callo.» 36
Y cual quien ya no quiere lo que quiso
cambiando el parecer por otro nuevo,
y deja a un lado aquello que ha empezado, 39
así hice yo en aquella cuesta oscura:
porque, al pensarlo, abandoné la empresa
que tan aprisa había comenzado. 42
«Si he comprendido bien lo que me has dicho
‑respondió del magnánimo la sombra
la cobardía te ha atacado el alma; 45
la cual estorba al hombre muchas veces,
y de empresas honradas le desvía,
cual reses que ven cosas en la sombra. 48
A fin de que te libres de este miedo,
te diré por qué vine y qué entendí
desde el punto en que lástima te tuve. 51
Me hallaba entre las almas suspendidas 52 (3)
y me llamó una dama santa y bella, 53 (4)
de forma que a sus órdenes me puse. 54

Brillaban sus pupilas más que estrellas;
y a hablarme comenzó, clara y suave,
angélica voz, en este modo: 57
“Alma cortés de Mantua, de la cual
aún en el mundo dura la memoria,
y ha de durar a lo largo del tiempo: 60
mi amigo, pero no de la ventura,
tal obstáculo encuentra en su camino
por la montaña, que asustado vuelve: 63
y temo que se encuentre tan perdido
que tarde me haya dispuesto al socorro,
según lo que escuché de él en el cielo. 66
Ve pues, y con palabras elocuentes,
y cuanto en su remedio necesite,
ayúdale, y consuélame con ello. 69
Yo, Beatriz, soy quien te hace caminar; 70(5)
vengo del sitio al que volver deseo;
amor me mueve, amor me lleva a hablarte. 72
Cuando vuelva a presencia de mi Dueño 73(6)
le hablaré bien de ti frecuentemente.”
Entonces se calló y yo le repuse: 75
“Oh dama de virtud por quien supera
tan sólo el hombre cuanto se contiene
con bajo el cielo de esfera más pequeña, 78(7)
de tal modo me agrada lo que mandas,
que obedecer, si fuera ya, es ya tarde;
no tienes más que abrirme tu deseo. 81
Mas dime la razón que no te impide
descender aquí abajo y a este centro,
desde el lugar al que volver ansías.” 84
“ Lo que quieres saber tan por entero,
te diré brevemente ‑‑me repuso
por qué razón no temo haber bajado. 87
Temer se debe sólo a aquellas cosas
que pueden causar algún tipo de daño;
mas a las otras no, pues mal no hacen. 90
Dios con su gracia me ha hecho de tal modo
que la miseria vuestra no me toca,
ni llama de este incendio me consume. 93
Una dama gentil hay en el cielo 94(8)
que compadece a aquel a quien te envío,
mitigando allí arriba el duro juicio. 96
Ésta llamó a Lucía a su presencia; 97(9)
y dijo: «necesita tu devoto
ahora de ti, y yo a ti te lo encomiendo». 99
Lucía, que aborrece el sufrimiento,
se alzó y vino hasta el sitio en que yo estaba, 101(10)
sentada al par de la antigua Raquel. 102
Dijo: “Beatriz, de Dios vera alabanza,
cómo no ayudas a quien te amó tanto,
y por ti se apartó de los vulgares? 105(11)
¿Es que no escuchas su llanto doliente?
¿no ves la muerte que ahora le amenaza
en el torrente al que el mar no supera?” 108
No hubo en el mundo nadie tan ligero,
buscando el bien o huyendo del peligro,
como yo al escuchar esas palabras. 111
“Acá bajé desde mi dulce escaño,
confiando en tu discurso virtuoso
que te honra a ti y aquellos que lo oyeron.” 114
Después de que dijera estas palabras
volvió llorando los lucientes ojos,
haciéndome venir aún más aprisa; 117
y vine a ti como ella lo quería;
te aparté de delante de la fiera,
que alcanzar te impedía el monte bello. 120
¿Qué pasa pues?, ¿por qué, por qué vacilas?
¿por qué tal cobardía hay en tu pecho?
¿por qué no tienes audacia ni arrojo? 123
Si en la corte del cielo te apadrinan
tres mujeres tan bienaventuradas,
y mis palabras tanto bien prometen.» 126
Cual florecillas, que el nocturno hielo
abate y cierra, luego se levantan,
y se abren cuando el sol las ilumina, 129
así hice yo con mi valor cansado;
y tanto se encendió mi corazón,
que comencé como alguien valeroso: 132
«!Ah, cuán piadosa aquella que me ayuda!
y tú, cortés, que pronto obedeciste
a quien dijo palabras verdaderas. 135
El corazón me has puesto tan ansioso
de echar a andar con eso que me has dicho
que he vuelto ya al propósito primero. 138
Vamos, que mi deseo es como el tuyo.
Sé mi guía, mi jefe, y mi maestro.»
Asi le dije, y luego que echó a andar, 141
entré por el camino arduo y silvestre.












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